GABRIEL; infierno y éxtasis, sé gual.

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¿Quién quiere un pañuelo? Adoradas, sé que me han extrañado. Mas mis múltples y eximias obligaciones me quitaron el tiempo durante este breve lapso de tiempo (si se me permite la redundancia y sino también) para brindarles mis exiguas reseñas. No lloren. Plís. He vuelto.

Se preguntarán en qué estuve ocupada. ¿No es obvio? ¡Leyendo a Gabriel!

Bien, adoradas. A Gabriel (tanto en su infierno como en su éxtasis) nobleza obliga, vamos a darle un puntito más.

El autor, un tal Sylvain Reynard (mirá vos, encantada, mucho gusto) seguramente no tuvo problemas en su infancia como E.L. James, que no la dejaban decir malas palabras y se «descargó» con todas y toditas en nuestra Biblia ya a estas alturas de 50 sombras de Grey, y por ende, no es un inmundo cochino como las demás.

Un punto entonces para vos Sylvain, que sabés hacer erotismo sin decir chanchadas.

Otro punto para vos, Sylvain, por poner una pizquita de cosas culturosas, no; no se entusiasmen, es una pizquita, en este caso Dante, bien ahí para vos, Sylvain.

Pero nada más. So sorry, Sylvain.

Otra vez se viene el modelito de relación del malo y la boba, esta vez el malo es un poderoso e irresistible profesor, Gabriel, que por supu no tiene ningún defecto físico, ya saben, raviolitos, prestancia, un homoeróticus, todas muertas con él,  y su «parteneire» es ¡la tonta! ¿Cómo adivinaron?

Ah, ¿otra vez me traés una virgencita, Sylvain?

¡Qué embole!

Que además oh casualité de las casualités es alumna de.. ¡de Gabriel! ¿qué pensaban?

Por supuesto que Gabriel  al principio fue muy pero muy pero muy malo con Julianne (Julia), pero resulta que Julia…¡ ya lo amaba de antes!

¡Oh!

Así es.  Julia ya amaba a Gabriel «de antes«.

De qué «antes» se estarán devanando los sesos, adoradas.

Sé que están consumidas por la duda de quién sabe dónde diablos habría conocido Julia al «Profe«.

Esto, Sylvain, es bien pedorro, querido.

Hete aquí que la mejor amiga de Julia era… ¡la hermana de Gabriel!

Pero, claro, Gabriel era a-dop-ta-do.

Y entonces sucedió que un día cuando Julia era una ingenua adolescente, parece que se quedó dormida en un huerto de manzanos de la casa de la amiga, y parece que se hizo de noche, y parece que vino Gabriel, y parece que la tapó con una frazadita, no sé si Aurora o de qué marca, y parece que desde ese momento Julia se enamoró perdidamente de él, porque Gabriel la llamo «Beatriz» porque no sabía el nombre de la susodicha, no estem, porque Beatriz fue el amor imposible de Dante, ¿qué creían?

Pero a la mañana siguiente cuando Julia se despertó en el huerto… ¡Gabriel se había hecho humo!

Gabriel se borró, seguramente estaba en pedo la noche anterior, ah, no, no en pedo, porque era un drogadicto. Gabriel se borró como el genio de la lámpara de Aladín y la pobrecita de  Julia nunca nunca más volvió a verlo pero nunca perdió las esperanzas de volver a verlo…

Mientras  Julia esperaba que su amado volviera decidió preservar el preciado tesoro de su virginidad. ¡Es pedorro, Sylvain, no embromes! Es para «Mis cuentos de hadas«.

Y la pobre desgraciada de Julia tuvo que esperar algunos añitos….

Pero al fin se lo encontró a Gabriel en la «uni«.

Como  le dio vergüenza decirle que era Beatriz entonces no le dijo nada, no le dijo que él hacía una pila de años la había tapado con una frazadita en el huerto de los manzanos y tampoco le dijo que el le había dicho»Beatriz» así que Gabriel ni pelota que le dio a la desdichada Julia.

Gabriel era un hijo de su puta que todos los días se encamaba con una mina distinta, pero resulta que un día Julia tomó corajje… y ¡le dijo que ella era la mismísima Beatriz, la del huerto de los manzanos! Pero eso no es todo, adoradas, también Julia le confesó a Gabriel que guardaba una foto suya que había recortado ya no me acuerdo si de un diario o una revista, creo que no es relevante tan magno detalle. No había terminado de confesarse la desdichada Julia cuando Gabriel se convirtió de  «malo» a «bueno«.

Si quieren acción, lamento decepcionarlas, adoradas, pero es recién en el último capítulo de «El Infierno» (primero de la saga) que consumaron el acto amatorio en la diváin city de Florencia en un hotelito encantado.

¿Por qué esperaron tanto? Se preguntarán. Adoradas, parece que como Julia era alumna de Gabriel, hasta no terminar el semestre no podían consumar la preciada cópula, no obstante, Gabriel se enamoró perdidamente de Julia, y de la noche a la mañana se conviertió en un hombre fiel.  (Suponemos que todas las ex-amantes están juntando firmas para hacer un plebiscito).

Por supuesto, no podía faltar la parte de Chiquititas, (ay Cris, vos lo hubieras escrito mejor), en este caso Gabriel… ¡dejó embarazada a una de sus conquistas pero ella perdió el embarazo y entonces él se hizo una vasectomía!

En la parte dos, haciendo honor a su nombre «El éxtasis de…» literalmente podríamos decir que se pasaron garchando. A toda hora, en todas partes, lencería, tacos, en fin…  Todo muy pero muy bonito hasta que… ¡los denunciaron! ¡Oh!

¿Quién? Otra alumna, muy pero muy mala, que gustaba de Gabriel pero que él no le había dado bola.

Para no aburrirlas adoradas, Gabriel se hizo humo nuevamente y Julia se quedó con el corazón destrozado, pasaron muchos muchos meses hasta que…todo se solucionó milagrosamente y ambos quedaron libres de todas las denuncias.

Con tal de salvar a su amada, Gabriel se había sometido al periplo de hacerse echar de la «uni» para que ella pudiera graduarse para ir a Harvard, un hombre muy sacrificado Gabriel, ¡qué divino! ¡Ricurita! Pero eso no es todo, mis queridas, cuando Gabriel abandonó a Julia, se fue a un ¡monasterio! y se volvió célibe. Todo muy «naif«, ay Sylvain… De la promiscuidad al celibato, en fin…

Por supuesto cuando se arreglaron de nuevo … Gabriel le pidió casamiento a Julia.

¿Cómo adivinaron algo tan misterioso?

Pero Julia, ay Julia,  se hizo la difícil y le dijo que no sabía si quería casarse con él. ¿Es  o se hace? Un tipo que fue casi un monje por vos, que dejó atrás un pasado de ¡lujuria! ¿qué es lo que tenés que pensar, Julia? Pero al final dijo que sí, ¿qué creían?

En definitiva, más de lo mismo adoradas. Tampoco existen los «Gabrieles«, ya deberían de saberlo, sólo existe Gre-go-rio. ¡Grande GREGORIO!

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