50 Libros Espantosos

50 libros espantosos

¡BASTA! ¡BASTA! ¡BASTA!

Claman mis neuronas. Ya no vacías, sino con concavidad negativa. ¡Negativa es toda esta berretada! ¡Por Dios! ¡Cuánta gordita con muchas fantasías chanchas por cumplir! Si habrá gorditas apetitosas absolutamente descompensadas, que estos manuales de pornografía se han proliferado cual nefasto virus.

Al final son todos iguales. Leés uno y ya está. Si, mi querida, aprovechá de mi noble generosidad, te estoy avisando para que no pases por el tormento de el camino de La Felicidad a La Decepción.

Creéme adorada, te estoy evitando una puteada. Te estoy evitando que te calientes (no, no, no, no esa calentura, que ya tenemos un cúmulo de obesas apetitosas), sino que te calientes porque una basura de tal magnitud cueste tanto dinero.

Mi querida, mi adorada, yo he arribado a una sublime conclusión después de haberme leído todas estas Biblias (hay reseñas pendientes, para que no se aburran), y es que estas gordas espantosas devenidas en escribidoras están todas traumadas.

Primero y ante todo con la gordura. Pero son haraganas. Quieren ser lindas y tener las proporciones de sus heroínas, y ¿creen que eso es gratis? ¿creen que con un by pass gástrico es suficiente?

Empero he de manifestar mi más profunda admiración por las susodichas. Son unas gordas architraumadas, y hacen guita con los traumas. (Bue, y con algún muñequito inflable o algún lindo consolador, pobrecitas).

Ávidas de gritarle al mundo que ahora se animan a gritar malas palabras (Gorditas Espantosas, a lavarse la boca con Lavandina o Agua Jane), no paran de reiterar cual disco rayado. Ya decía yo, seguramente cuando dijeron «coger», las encerraron en una mazmorra por espacio de un año llena de cadáveres.

Sólo así se puede entender esa voracidad de gritarle al mundo semejantes obsenidades (Y esperemos que no sean católicas porque Nuestro Señor las va excomulgar)

Y yo que soy bella, proporcionada, claro, yo no me lastro todos los chocolates de la heladera, yo me muevo, no retozo todo el día cual ballena, y resulta que cuando pienso en esas cochinadas y me imagino aposteriori a una gorda como E. L. James en la catrera, me vienen náuseas.

Que te cogieron E. L. James. Que te graduaste con honores en Felaciones. Que te la metieron por todos los agujeros que encontraron. Que te chuparon las tetas (pobrecito el desgraciado, se debe de haber perdido).

Todos estos 50 Libros Espantosos se refieren a hacerlo por adelante, a hacerlo por atrás, a felaciones. A ¡animales! Perros, Gatos, E. L. James, ¿no lo habrás hecho con tu perrito? No, por favor, mejor seguí escribiendo.

Seguro que cuando dijiste «coger» tus padres te encerrraron en una mazmorra, y además te encadenaron, te esposaron, tu padre te dio una paliza fenomenal, que no te pudiste sentar por una semana.

Y ahora, ¿vertés toda esa basura? ¿Querés traumar a mujeres decentes?

Ay, ya no las soporto, Gordas ávidas de sexo. Ya no soporto vuestro rollo repetido, ¡ya queda bien claro que desean que las pasen a la cueva y aparezca el minotauro y las haga ver las estrellas!

¡Basta de pornografía barata, berreta y terraja!

Tá. Me vino un surmenage de leerlas. Me voy al psicólogo.

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