Gordas Espantosas

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Bienvenidas adoradas mías a otra entrada de 50 Gordas de Grey.

No. Plís.

Ya antes de comenzar a escribir siento vuestros disparos con flechas de hielo, armas blancas, y afines.

¿Qué dijimos el primer día?

¡Que estar enojadas les resta un día de vida, divinas!

Así que no se enojen, nada más lejano a mis intenciones que ofender a las féminas excedidas de peso, faltaba más.

Sin embargo, si ¡vos! sos una gorda, sabelo.

Sos gorda porque vos querés.

Sos gorda porque vos comés todo el día tortas de dulce de leche, galletitas, o grasa.

Sos gorda porque vos, elegís ser gorda.

Vos «te hacés gorda«, diría nuestro amado Jean Paul Sartre, y nuestra entrañable Simonne de Beauvoir diría que «una gorda no nace, sino que se hace«.

No. Tranquila, estás con OB. No te estoy tomando el pelo, no tenés que ser una erudita filósofa para conocer los postulados de la filosofía existencialista, adorada.

En criollo te lo digo, entonces: si sos gorda, es porque te pasás el día lastrando.

Si tenés auto, seguramente pasás todo el día con el que te dije pegadito al asiento y no caminás ni una cuadrita.

O peor, sos de las que toma sopa diet y después pide una torta de chocolate de postre.

Si comés; engordás, y si comés, adorada, es porque vos lo decidís, no viene Lucifer a meterte las tortas de chocolate con un embudo, no, adorada, sos vos y solamente vos.

Si querés dejar de ser gorda, no comas más tortas. Comé verduritas, sanito, y ya vas a ver que en un mes sos otra. Lo decidís vos.

Pero, si no podes resistir a la tentación de una torta de chocolate, después no te hagas la víctima ni llores porque no conseguís novio porque estáss ¡gooorda!

Bien, bien, adoradas mías, pero no estamos acá para debatir acerca del ser o no ser gorda, estamos acá por otro eximio asunto que es el que hoy nos convoca.

¿Por qué los protagonistas (ellas y ellos) de todos los exiguos novelones rosa son LINDOS?

¿Por qué?

¿Acaso no pueden ser normales?

Y la respuesta, adoradas, está en que la mayoría de las autoras de estas biblias del intelecto… son unas gordas espantosas con complejo de vaca amatambrada y es través de sus personajes que intentan superar sus heridos niños internos.

Egoístas han salido. ¡Vayan a terapia!

¿Acaso ignoran que todas vuestras lectoras (menos las inteligentes, claro)  se van a tragar la papita de que para que Mister Grey les de bola tienen que ser hermosas?

¡Ustedes!

Ustedes, gordas espantosas serán las culpables de que millones y millones de desgraciadas (el número de desgraciadas es el número de copias que vendiste, E.L.JAMES.), millones y millones de desgraciadas se vuelvan anoréxicas o bulímicas, o que ¡se mueran por tu culpa! haciéndose sacar una costilla o haciéndose una reducción estomacal.

Si vos, E.L.JAMES sos una vaca y en tu calidad de rumiante tenés cuatro estómagos, no te la tomes con las otras. La gorda sos vos, querida.

¿Si la traumada sos vos, querida, porqué condenás a tus lectoras al horrendo porvenir de querer impedir se acepten tal cual son y pretendés quitarles la vida?

¡Asesina!

¡Dejá de escribir libros sí y solo sí con protagonistas hermosos! Vamos, que las personas no son todas como las actrices de Joligud.

Y si vos, ¡vos E.L.JAMES! estás archi traumadas por ser gordita, qué se yo, no te papes todo, qué se yo, E.L. James, mirate al espejo.

Estás amorosamente condenada a elegir entre dos opciones, o te aceptás así, como la vaca gorda amatambrada que sos, o de lo contrario, dejá de lastrarte todas tortas de la confitería mi querida.

Qué se yo, con la guita que hiciste internate en Suiza en la «Clínica de Desintoxicación  de Chocolates«, no sé, pero…

Dejá de escribir novelones ¡SOLO PARA LINDOS!

¡Dejá de cometer ese acto tan vil!

No todas las gorditas se desprecian como vos.

Ya te dije, andá a terapia, metete a nadar  con Willy, qué se yo matate, lo que quieras, pero no mates a las demás.

Y a propósito de este dilema angustiante que estamos tratando querida E.L. JAMES, ya te lo van a decir «Triny & Susanah«, de NO TE LO PONGAS.

O antifaz, O ballena.

¿O también querés matar de un infarto al pobre infeliz que tenga la tan mala fortuna de ser sometido a la horrenda desgracia de cruzarse con vos a la noche en alguna encantadora callecita de Londres y así morir del susto al creer  que deseás pasarlo al otro mundo con ese look horripilante de ballena mala, E. L. James?

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