Quemada

Quemada

Quemada. No precisamente en la hoguera; hablamos de una cuestión no tan espeluznante pero si harto bochornosa. La novela rosa no se puede comparar con «Jane Eyre» aunque ciertas señoras no tienen las capacidades para distinguir una de otra y tienen la osadía o alucinación de que sus espantosos relatos califican, esperemos que Charlotte Brontë no despierte de su tumba porque estas relatoras se verían en problemas.

Desde este magno recinto de sabiduría elevamos una plegaria para que nuestro señor las ayude y les envíe un poco de luz como para que comprendan de una buena vez la angustiante situación en la que están inmersas luego de haber sido borradas de un plumazo de donde ellas ya saben. Por el momento nuestra eximia sugerencia es que se resguarden en el amparo de los blogs «Las Hadas», «Las Nubes» y otras delicias donde les darán el trato que esperan y no serán víctimas de críticos despiadados y malvados.

Una vez más declaramos; los méritos hay que merecerlos y no hay prepotencia ni invasión que logre el milagro de que el mediocre deje de serlo. Los espacios hay que ganarlos y de buena fe. Para ser merecedor de un espacio serio (no hablamos de tontas que gritan «amo a Mr. Grey«, hablamos de espacios culturales), es preciso recorrer un largo camino de estudio, humildad, respeto hacia la cultura, interés por el mundo y su contingencia y sentido de ubicación.

Estas honorables damas  están a años luz de calificar porque creen que están en el talud de la Colombes y que en los conventillos y luchas en el barro se obtienen a prepo los espacios. Una vez más se han estrellado y no podemos más que sentir vergüenza ajena.

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