Días de Furia

extrañamos a Artemio

Resulta llamativo el silencio de las bonelistas. Miento: hace rato que leo más críticas que elogios; más quejas por las últimas entregas, y más nostalgias por las primeras. Y llegó la feria y no se ve el amontonamiento de otros años por conseguir un ejemplar o una foto con Flor.
¿Cuántas veces Bonelli se habrá soñado como una esas elegantes y millonarias escritoras de las películas? Seguramente muchas, y lo consiguió. Y con todo derecho. Vendió miles y miles de libros en un país donde buenos escritores sólo venden unos cientos. Y la fama se consigue con ventas, pero sólo la fama.
Y llegó una nueva feria, y no tengo dudas de que la editorial insistió para que terminara otra novela (que ya tendría pactada, y tal vez cobrada). Imagino a Flor tomándose la cabeza. Porque será buena, pero no es Balzac o Dostoievsky (que podían escribir una novela en un tarde). Y los de la editorial apurándola: «¡dale Flor, vos podés! Refritá algo, hacé que Aitor y Artemio se peleen por alguna cautiva y metele más sexo. El sexo es lo que más está vendiendo. Y nosotros necesitamos vender.»
Pero nadie es inmune a las críticas. Para un escritor, los comentarios desfavorables resuenan como un grito en el Gran Cañón del Colorado. Son un eco que no se apaga ni con el sueño, ni siquiera con los elogios de un millón de fanáticos ciegos (porque los ciegos no leen, sólo elogian). Es tarde para Flor, ha empeñado su literatura, su capital. Pero tal vez haya que comprenderla ¿Cómo se hace para escribir a pedido? Cómo crear historias largas (y alargarlas para llenar más páginas o tres volúmenes de una saga). ¿De dónde sacar historias sin repetirse? ¿Cómo no sacrificar la calidad frente al feroz ritmo que impone el mercado? La respuesta es una sola: no se puede. La prueba está a la vista: todas las críticas apuntan al exceso de escenas sexuales. Hasta el diablo (perdón las editoriales) se equivocan en el gusto de los lectores. Todas las razones del mundo son inútiles frente a una estupidez que esté de moda, pero no hay moda que resista al tiempo. El sexo es un tabú eterno, pero la pornografía es pasajera (y si mala, más pasajera).
Para cumplir lo que soñamos para nuestras vidas, tenemos que estar dispuestos a todo. La fama, el dinero, el cariño de todos, la admiración, tienen un precio: el pacto se firma en las oficinas de las editoriales.

Artículo Revista «Extrañamos a Artemio».

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