El Gueto Rosa

gueto rosa

Prólogo: La ironía no es un fenómeno pasible de ser entendido por las masas.

La literatura es una de las disciplinas del arte y el arte es la manifestación cultural de las civilizaciones. No en vano conocemos culturas de la antigüedad a través de sus manifestaciones artísticas, la literatura, la pintura y la filosofía.
Empero existe una divergencia que se da, sobre todo en este nuevo siglo en el cual gracias a la tecnología disponemos de forma inmediata de casi todo. Esto resulta paradójico, puesto que es bueno pero también malo.

Como tal, quien sabe si como resultado del carácter efímero de todo en las sociedades posmodernas en las cuales lo banal y simplón cobra un significado sin precedentes, es un halagüeño caldo de cultivo para la proliferación de la nefasta pseudoliteratura denominada “Romántica”, “Romántica para adultos”, “Erótica” y “ainda mais”.

Este fenómeno involutivo tuvo su boom precisamente a través de las redes sociales. Un día, a cierta señora, hablo de la popular E.L.James, se le ocurrió escribir un “fan-fiction” acerca de su saga preferida, “Crepúsculo”. Tal convocatoria obtuvo un  resultado que es el punto de partida para todas las otras señoras que la sucedieron, y que escriben simil James. Cual bola de nieve se fue gestando una especie de retardo-mental-colectivo que retroalimenta a estas pseudoescritoras, que tienen la ridícula pretensión de ocupar el mismo lugar en la impronta cultural del mundo que un escritor de verdad.

Alimenta ese equívoco fatal el vil capitalisimo salvaje, que se aprovecha del impacto del círculo vicioso “pseudoescritora-lectora-tonta” y las editoriales tienen abiertas sus arcas desde entonces, con el fin último de recaudar y recaudar, siendo estas señoras un vehículo para tales efectos.

Pero no las subestimemos, tan tontas no son, como para no darse cuenta de que mucha agua ha de correr bajo el puente para que sean dignas de construir una prosa que “se pueda mostrar” a los críticos literarios de verdad, no a los billones de web-sites o blogs con nubes rosas, llamados “Las hadas”, “Las nubes”, “escribiendo sueños” y otros nombres muy “significativos”. No, no hablamos de esa publicidad para minusválidas mentales, hablamos de crítica literaria seria.

Para hacer literatura se requiere de mucho oficio, pero no solo se trata de eso. Como seres culturales somos referentes y por lo tanto se requiere de cierta cautela a la hora de concebir una prosa. El arte y el capital son conjuntos disjuntos. Y, yendo al meollo de la cuestión, no es bueno para las masas se les den mensajes encriptados en los cuales entre líneas se percibe que lo que vale es lo material, la belleza, hito de absoluta relevancia en la novela romántica.

Sin embargo, estas damas son incapaces de (ya no aceptar sino de entender) que no es bueno lo que producen, que solamente sirve para hacer del nuevo mundo un lugar aún más imbécil de lo que ya es.

Las damas de rosa entonces se recluyen en sus guetos, lugares donde está prohibido nuestro ingreso, los  villanos críticos que pretendemos se le haga justicia a la verdadera literatura, generando conciencia en las masas de que la realidad es dura y cruda y no un cuento de hadas repleto de príncipes vigoréxicos y vírgenes suicidas, todo condimentado por muchos “batimóviles” “Audi’s”, carteras “Hermes”, helicópteros, aviones, rascacielos de cristal y más.

De más está decir que estas señoras tienen nulo oficio, son incapaces de lograr una metáfora básica, su prosa no califica más que una redacción escolar que no llega a sexto grado de primaria. Desconocen el significado de nuestra vasta lengua madre, los infinitos verbos y sus conjugaciones, los clásicos errores en los que incurren comienzan con el abuso del “estaba” y del “era”. El Diccionario no les ha sido presentado aún. Menos aún conocen el significado del vocablo “sinónimo”. Todo eso, regado por reiteraciones de la misma palabra en una misma oración en las peores, otras no tan desastrosas, faltaron a clase el día en que la maestra enseñó en uso de la letras “b” y “v”, creyendo que poner una “b” en lugar de una “v” es lo mismo. Y hablando de faltar, las que faltan sin aviso en sus exiguos escritos son las haches. O, en su defecto, concurren al horario equivocado.

¿Qué hacen las editoriales con esta nefasta prosa? Muy poco. Sí corrigen los horrores ortográficos para no pasar vergüenza. Como tales pseudolibros se venden como pan caliente ni siquiera se molestan en corregir la prosa plana, plana sale y además con fritas, valga la redundancia.

El “negocio” funciona divino, hasta que alguno de nosotros, los villanos literarios, osa aconsejar a alguna señora, no desde nuestra psiquis estilo “Jack el Destripador” como ellas creen, o peor aún, lo ven desde la alucinación de que somos víctimas del vil pecado de la envidia. Sería bueno que aterricen. Las criticamos porque nos da pena que pasen tamañas vergüenzas, y también nos da pena para con el pobre lector que cree que está aprendiendo algo. Pero, será cosa de egos, que no se la bancan por nada del mundo, es lo que hay valor.

Ergo, surge de inmediato la justificación:

No nos consideramos artistas, escribimos para entretener

Parecería ser entonces, que bajo la consigna “entretener” todo está permitido. Y lo está. Pero no debería.

Por otra parte el asunto del “entretenimiento” es un jingle que suena precioso, pero la vil y cruda realidad es que cuando se las interpela no se la bancan. Y bueno, si sienten algo de vergüenza, vamos bien.

Si que podemos y debemos interpelarlas. Una cosa es la literatura concebida como entidad del arte y otra el escribir para entretener, es claro el punto. Y cuando se tiene la ridícula pretensión de subir el escalón del entretenimiento para “cotizar” en el mercado de lo que es arte, es el deber moral de un artista decir algo.

Pero ellas siguen entreverando milanesas con dulce de leche. El fenómeno editorial es sin duda un negocio y cada uno elige ser o no parte porque las reglas de los mercados son así. Es lo que se da hoy en los sistemas políticos: o el objetivo es generar sociedades de consumo como fin o por el contrario el objetivo es generar sociedades críticas. Bien.

Sin embargo, no dejo de sorprenderme al leer disparates como el que sucede:

Sigo sin entender dónde dice que el escritor debe cumplir el rol de educador, de promotor de mensajes positivos, de agente de cambio. El que quiera adjudicarse ese rol, bien por él. Pero que no se empeñe de ajustárselo a todos porque algunos no nos daremos por aludidos. El bajar línea es otro intento de manipulación… Subestimar a los lectores, clasificarlos, catalogarlos, es lo peor que puede hacer un autor. Es raro, porque al autor de novela negra no se le pida más que entretener, sorprender… Pero si escribís sobre amor, tenés que bajar línea de que es para todos, y no solo para jóvenes, bellos, ricos… El lector ya lo sabe. Y aún así lee. Si lee es porque quiere, y considerar que le tengo que decir «mira que no todo es color de rosa, que te pueden querer aunque no seas lindo» es tratarlo como un niño. Que el lector haga las construcciones que quiera, saque sus propias conclusiones… Pretender cambiar a la sociedad escribiendo romántica es un poco mucho no? Yo sólo quiero entretener. Que eduquen los docentes y los padres.

Aquí también hay un embrollo de milanesas con dulce de leche. El lector no es una entidad reductible, por lo tanto no todos tendrán la misma capacidad de abstracción. Y claro que los hay que creen que la mayor prioridad en este mundo es tener mucha guita,ser vigoréxico y poderoso. Sino, preguntad a la exigua Wanda Nara, todo un referente cultural.

La literatura (no el entretenimiento) si que cumple un rol de (no lo llamaría de educación) sino de hacer pensar. De cuestionar desde conductas, hasta ideologías. Si se tiene claro que es lo que se busca al escribir (entretener o hacer pensar); ¿por qué han de sentirse manipulados quienes se dedican a la novela romántica? Se desprende, deduce e infiere que la novela plana romántica no persigue ese cometido.

Y “la frutilla de la torta” es el error producto del pensamiento en “blanco y negro” que domina esas “cabecitas” haciéndolas arribar a la ridícula y ambiciosa conclusión:

Escritoras de romántica que venden mucho, contra escritores que van de intelectuales pero que en el fondo lo que les duele, es no tener las mismas ventas que tiene la romántica.

Ay… si el mundo fuera tan binario… ¿Donde iríamos a parar?

Aspiramos a que nuestra prosa sea de calidad, y el vender al artista auténtico no le interesa. Lo que nos duele en todo caso es percibir la imbecilización de las sociedades desde lo colectivo.

En fin, señoras de la romántica, Jus’t Relax. Cada una de ustedes sabe cómo escribe y muy a vuestro pesar tiene que bancársela. No pueden pretender aplausos cuando escribieron una redacción “La Vaca” y eso se transformó en “Novela” .

Para poder aspirar a calificar hay que dedicar años, oficio, sangre, sudor y lágrimas. Los méritos se merecen o no. Y los halagos de cartón no tienen cabida en la impronta cultural de una sociedad. Las críticas, si es que quieren mejorar, es lo que las hará crecer. Y si no, deberán soportar estoicamente que los villanos críticos destripemos vuestros escritos. No todos son aplausos fuera del gueto rosa.

Anna Donner Rybak 25 de marzo de 2015.

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